Hay gente que arma sus vacaciones mirando el clima. Y hay gente que arma sus vacaciones mirando el fixture. Cada vez hay más de estos últimos, y los números empiezan a confirmarlo: viajar para vivir el deporte en vivo —no solo para verlo por streaming— dejó de ser una rareza y se convirtió en una categoría de viaje con entidad propia.
Un estudio de Booking.com de junio de 2026, hecho sobre 6.000 personas en seis mercados, midió hasta dónde están dispuestos a llegar los hinchas con tal de estar presentes en un evento deportivo. Los datos son contundentes: el 52% haría un esfuerzo económico extra para ver un partido en vivo, el 39% acepta múltiples conexiones aéreas o terrestres sin importarle el confort, y el 37% directamente buscaría alternativas laborales —como trabajo remoto— para poder viajar. Hasta las cábalas entran en la ecuación: 3 de cada 10 usan la misma camiseta durante todo un campeonato.
Durante años, "turismo deportivo" fue casi sinónimo de seguir a la Selección de fútbol. Hoy el paraguas es mucho más amplio: rugby, Fórmula 1, básquet, tenis —cualquier evento que genere esa mezcla de nervios y pertenencia funciona como excusa de viaje. Lo vemos en nuestros propios grupos: gente que nunca viajó por trabajo ni por vacaciones convencionales, pero que sí se organiza —con meses de anticipación, cuotas incluidas— para no perderse un Gran Premio o un test match afuera.
Viajar por turismo tradicional y viajar por una pasión deportiva no se sienten igual. En el segundo caso, el destino casi pasa a un segundo plano: lo que importa es estar ahí, en el momento exacto, rodeado de gente que siente lo mismo que vos. Es la diferencia entre elegir un hotel por las estrellas y elegirlo por lo cerca que está del estadio. Entre armar un itinerario turístico prolijo y armar un itinerario que gire, literalmente, alrededor de un horario de partido.
Esta lógica cambia también cómo se arma un grupo de viaje: aparecen personas que nunca se habían conocido viajando juntas por primera vez porque comparten la misma pasión, familias que llevan a los chicos a vivir algo que van a contar toda la vida, gente que viaja sola y encuentra compañía en la tribuna de al lado. El denominador común no es el perfil del viajero: es la excusa del viaje.
Este tipo de turismo es, literalmente, nuestra razón de ser desde 2008: no armamos paquetes genéricos con un partido de regalo, armamos viajes pensados desde el evento deportivo hacia afuera. Sabemos que la logística de un fin de semana de Fórmula 1 no se arma igual que la de un Mundial de Rugby, y esa diferencia es la que se nota cuando estás ahí.
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